4.26.2012

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"La ambición embriaga más que la gloria; el deseo florece, la posesión marchita todas las cosas; es mejor soñar la vida que vivirla, aunque vivirla sea también soñarla, pero menos misteriosamente y a la vez menos claramente, en un sueño oscuro y pesado, semejante al sueño difuso en la débil conciencia de los animales que rumian. Las obras de Shakespeare son más bellas vistas en el cuarto de trabajo que representadas en el teatro. Los poetas que han creado a las enamoradas imperecederas no han conocido, en muchos casos, más que vulgares criadas de mesón, mientras que los voluptuosos más envidiados no saben en absoluto concebir la vida que llevan, o mejor dicho que los lleva. Conocí a un niño de diez años, de salud enclenque y de imaginación precoz, que había puesto en una niña mayor que él un amor puramente cerebral. Se pasaba horas en la ventana para verla pasar, lloraba si no la veía, lloraba más aún cuando la había visto. Pasaba con ella muy raros y breves momentos. Dejó de dormir, de comer. Un día se tiró por la ventana. Al principio creyeron que le había decidido a morir la desesperación de no estar nunca junto a su amiga. Pero se supo que, por el contrario, acababa de hablar mucho tiempo con ella y que había estado muy amable con él. Entonces se supuso que el muchacho había renunciado a los días insípidos que le quedaban por vivir después de aquel embeleso que quizá nunca más se repetiría. De las frecuentes confidencias que hiciera en otro tiempo a un amigo se dedujo que sentía una decepción cada vez que veía a la soberana de sus sueños; pero en cuanto ella se alejaba, la fecunda imaginación del muchacho devolvía todo su poder a la niña ausente, y tornaba a desear verla. Cada vez intentaba atribuir a la imperfección de las circunstancias la razón accidental de su decepción. Después de aquella entrevista suprema en la que, con su fantasía ya hábil, había llevado a su amiga hasta la alta perfección de la que su naturaleza era capaz, comparando atribulado esta perfección imperfecta con la perfección absoluta de la que él vivía, de que él moría, se tiró por la ventana. De la caída se quedó idiota y vivió mucho tiempo, conservando de aquélla el olvido de su alma, de su pensamiento, de la palabra de su amiga, con la que se encontraba sin verla. La muchacha, pasando sobre súplicas y amenazas, se casó con él y murió varios años después sin haber logrado que la reconociera. La vida es como esta muchacha, la soñamos y la amamos por soñarla. No hay que intentar vivirla: se arroja uno, como el muchacho, en la necedad, no de una vez, pues en la vida todo se va degradando por matices insensibles. Pasados diez años, no reconocemos nuestros sueños, renegamos de ellos, vivimos como un buey, para la hierba que podemos pacer al momento. ¡Y quién sabe si de nuestras nupcias con la muerte podrá nacer nuestra consciente inmortalidad!"

 Los placeres y los días, Marcel Proust

tomado de aquí

Hollie Chastain


Los materiales importan


4.25.2012

La gran nube domesticada


Lux Boreal + Phillip Adams
LAMB
colaboracíón para Danzine en Un desierto para la Danza

foto de Laura Natalia Vargas
El cordero es el peón en la historia de la religión. Es la masa domesticada que se mantiene unida como una gran nube que, en manada, repite el absurdo rito para salvación.
Decía Freud que el origen del comportamiento de masas tenía que ver con la imitación de las jaurías de animales que el hombre arcaico cazaba, aquí uno se imagina un hombre violento  imitando llenas, lobos, bisontes, pero, ¿en qué momento el hombre comenzaría a emular a los borregos?
Con esta pregunta en la mente subo a las gradas, sin preguntar nada, dirigida por personas que desconozco, así precisamente, soy parte de la masa expectante, amotinada en el espacio escenográfico, esperando a que comience LAMB,  coreografía presentada por  La compañía Lux Boreal , bajo la dirección de Phillip Adams.
Phillip Adams explora las posibilidades de la danza contemporánea tocando los lindes de otras disciplinas escénicas,  para ejecutar esta dura crítica a la historia de las religiones, otorgando además a la audiencia la experiencia lúdica de habitar por unos momentos el escenario.
En el centro del escenario hay un voluminoso cuerpo desmayado. Cuerpo que se impondrá a los largo de la coreografía, como monumento de poder, contando por medio de sus acciones sobre los fieles  la historia del éxodo, del sometimiento, de la culpa,  de la fe.
Un personaje en ropa interior y con los hombros envueltos en algo que pareciera lana, comienza a saltar y gritar. En la esquina contraria comienza a saltar y  gritar otro personaje vestido igual, y así las resonancias de la imitación son una metáfora irrisoria de la propagación de la fe. A partir de ahí todos los movimientos de los bailarines en escena serán en masa,  empáticos, se revelarán en un desdoblamiento del cuerpo deseoso incluso de sufrir, de entregar su carne a la ocurrencia en turno de su lunático mesías. Al que por cierto adoran y le siguen en el trance irracional del rito.
Los espectadores, sobre las gradas somos la audiencia del espectáculo de la religión, que bien pudiera ser el espectáculo de un cruel jeopardi, donde la fortuna implica el sacrificio, la sangre. Frente a nosotros hay unos pequeños pianos rojos que suenan repetidas  veces tocados por algunos miembros del público, en un cacofónico y visceral ejercicio de interacción con la audiencia que de alguna manera, en los momentos álgidos, nos involucra más con la pieza en escena.
En el centro del escenario hay un lánguido cuerpo desmayado. Es el desnudo como terror, el desvestimiento del cuerpo para el final de una travesía. Una travesía del absurdo hacia la muerte. La esperanza  que buscaban las ovejas repitiendo el movimiento y el susurro de un rezo, y mirando más allá del cielo raso del teatro, se materializó en cadáver, queda la nube de lana, la masa más pura sobre la duela, pidiendo perdón.

Venecia López

4.23.2012

Primero sueño


Lola Lince
Estudios y fragmentos sobre el sueño
imagen tomada del blog de Lola Lince danza experimental 


Colaboración para el Danzine en Un desierto para la danza

He escuchado que la razón fisiológica del sueño es contar una historia, entretener al subconsciente para evitar que el dormido llegue al estado de vigilia cuando su cuerpo aún ocupa descansar.
 Un piano ha parado de tocar, Lola Lince aparece en el escenario articulando mi sueño en la densidad de la noche. Mi cuerpo se olvida de mí en la butaca.
Lola se desplaza lentamente, ataviada con un vestido  que asemeja un mapamundi. El silencio es revelador, el personaje sobre el escenario arrastra las historias de la noche cual si fueran cascabeles.  Veo mi programa de mano para asegurarme que estoy en una ficción, éste es el fragmento I: peregrinaje con campanas, de una coreografía que, según leo , apuesta a la experimentación como móvil, al desdoblamiento de la espiritualidad para inducir a la libertad creativa.
En la lectura que uno puede dar a las cosas siempre van implícitas nuestras experiencias, los referentes que nos forman, quizá hasta esas pequeñas cosas a las que parecemos no dar importancia. Así que ahora para mí, Lola es un cuadro de Gustav Klimt, su gran vestido mapamundi brilla como los motivos de oro que rodean el cuerpo en una de sus pinturas. Es una efigie del art noveau. Un espíritu que corta el aire lentamente con sus manos. Es un protagonista de teatro Noh. Es la Ofelia de Shakespeare flotando en el agua entre flores. Es mi sueño que se infla y se desinfla, mi flujo de dopamina, soy yo en la tragedia y en la comedia.
En el segundo fragmento, el hacedor de lluvia, la noche, un personaje oscuro con grandes ojos, danza sobre el escenario y se alimenta del aire cual si fuera un insecto. Toma sutiles puñados de oscuridad con sus manos y los engulle con su cuerpo. Los sonidos agudos son agujas entre sus manos.
Fragmento III: el vuelo. Una distorsionada versión de Over the Rainbow  revela recuerdos en la atmósfera del escenario. El sobresalto de la belleza corta el aliento. Lola gira su rostro velado por una tela, ella es blanca casi transparente, el espectador cree que va morir. Giro mi rostro para ver a los otros. Yo, por un segundo, creo que voy a morir. Despierto.

Venecia López

v

Hermosillo, Sonora, Mexico

algunos lugares